Todos a la obra: se creó la Bandera Nacional y flameó en Rosario

En carta a Celedonio J. del Castillo, Belgrano hace referencia al ánimo de la población y la tropa: “Mi querido amigo: estoy destinado con mi Regimiento a sostener este punto y creo que seré atacado por los montevideanos, según los avisos que se me han comunicado, pero espero por Dios que saldremos avante, pues la gente está muy animosa”. Ese ímpetu de los rosarinos distaba del ánimo de su tropa, que según sus propias palabras se encontraba “bastante bajo”, con motivo del último motín (el de las Trenzas).

Se trabajó intensamente en la construcción de las baterías bajo el caluroso sol de esos días de enero y febrero. Los que podían ayudaban con donaciones de materiales. Tiburcio Benegas fue designado tesorero.  “Necesito carne, azúcar y yerba para los vicios de estos paisanos. Trabajan todo el día, arriba en la alta barranca y abajo al pie de ella. El sol es abrasador”, dijo Belgrano al gobierno. El 14 de febrero volvió de Buenos Aires Monasterio, con un refuerzo de ocho carpinteros que se sumaron a la construcción, encabezada por el capitán de artillería José Rueda. Se trabajó con bastante anhelo, sin embargo, faltaba más gente y dinero.

Alguna que otra “vidalitas a la patria”, y “cielitos de la patria” se mezclaban con el intenso martilleo en la construcción de las explanadas y en el aseguramiento de los cañones de la batería “Libertad”. Hasta los frailes del Convento de San Lorenzo, ayudaron con materiales. La construcción de la batería de la isla, denominada “Independencia”, (significativa decisión del prócer de imponer dicho nombre a la misma cuando muy pocos se animaban a pronunciar abiertamente la palabra “Independencia”), fue más modesta, y en ella se estableció una suerte de destacamento con poca gente. Ellos se comunicaban con la “Libertad” mediante banderines y faroles de señales.

Cuna de la escarapela

Mientras tanto, algunas mujeres, por encargo de Belgrano habrían comenzado a confeccionar las escarapelas para ser estrenadas por oficiales, soldados y milicianos en la inauguración de la batería de la isla, fijada para el 27 de febrero. Disponían de menos de una semana. En las casas y a la sombra de los aleros, se cocieron apresuradamente centenares de ellas, que el día 23 Belgrano comenzó a distribuir entre los efectivos de su división, tal como lo informó al gobierno: “Se ha puesto en ejecución, la orden de usted para el uso de la escarapela que se ha servido señalar, cuya determinación ha sido del mayor regocijo, y exitado los deseos de los verdaderos hijos de la patria de otras declaraciones de V.E. que acaben de confirmar a nuestros enemigos en la firme resolución en que estamos de sostener la Independencia de la América”.

Fue quizás en esa instancia, y durante ese fervor, e inspirado por la idea de presentar en la inauguración de la batería “Independencia” no sólo las escarapelas, que se sintió a empujado a presentar una expresión mayor y más visible que las cucardas: una bandera. La tradición oral se refiere a que doña Catalina Echevarría de Vidal, anfitriona del prócer, intervino en la confección de la enseña, cuyos colores debían ser igual a las escarapelas por la sencilla razón que una y otra tenían por finalidad concreta identificar un mismo bando. Belgrano consciente de que la lucha por la independencia recién iniciaba, que sería ardua e involucraría a más de un regimiento como el suyo, era necesario una bandera que flameando en lo alto de una asta pudiera ser vista, y por ende seguida por grandes contingentes. La bandera de la patria fue entonces confeccionada entre el 18 y el 27 de febrero.

Se mencionó el apuro por terminar las baterías: las noticias de la inminente llegada de la flota enemiga y la necesidad de que estas le cerraran el paso con sus fuegos cruzados, la de la isla, con disparos rasantes, y la de las barrancas con tiros a distancia.

Romper las cadenas de la esclavitud

Es el propio Belgrano que en carta al gobierno anticipa el 26 de febrero su pensamiento con respecto a la conveniencia de enarbolar banderas en las baterías. “Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta ahora hemos usado, pero ya que V.E. ha determinado la escarapela nacional con que nos distinguimos de ellos, y de todas las Naciones, me atrevo a decir a V.E. que también se distinguen aquellas, y que en estas Baterías no se viese tremolar sino las que V.E. designe”. Y como si no fuera poco haberse referido a una enseña que los diferenciara “de todas las naciones”, ya no de los adversarios del momento, lo que con claridad refleja “un proyecto de país” soberano culminó su misiva con la siguiente exhortación: “Abajo, Señor Excelentísimo, esas señales exteriores que para nada nos han servido, y que parece que aun no hemos rotos las cadenas de la esclavitud”.

De puño y letra de Belgrano sabemos que ocurrió el 27 de febrero de 1812, cuando informó al gobierno sobre la creación de la enseña patria: Belgrano lo comunicó al gobierno en estos conocidos términos: “Exmo. Señor. En este momento que son las seis y media de la tarde se ha hecho salva en la Batería de la Independencia y queda con la dotación competente para los tres cañones que se han colocado, las municiones y la guarnición. He dispuesto para entusiasmo de las tropas y estos habitantes, que se formen todas aquellas y las hablé en los términos que acompaño. Siendo preciso enarbolar Bandera y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de V.E.”.

Es lo que tenemos…

El Cielito

De estreno

 

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