Rosario: escenario donde se enarboló por primera vez la Bandera Nacional

¡Si las hermanas Caraballo hubieran escrito lo observado en aquellos días!… Ellas vivían en el único rancho situado en la punta de la “barranca de las ceibas”, en las proximidades de la batería “Libertad”, que para el 27 de febrero estaba a punto de ser concluida y tenía emplazada sobre sí la mayoría de los cañones. Longevas, alcanzaron a transmitir oralmente sus recuerdos sobre aquel día glorioso del 27 de febrero. Otros antiguos vecinos aportaron también sus impresiones y todo aquello conformó un anecdotario que no se ha podido verificar documentalmente.

En 1897 se publicó una de las primeras crónicas históricas de Rosario, escrita por Eudoro y Gabriel Carrasco. Ellos rescataron el testimonio de antiguos vecinos. En esa obra ya se afirmaba que la bandera “inventada por Belgrano” había sido “enarbolada por primera vez “en el paraje comprendido entre las calles Santa Fe y Córdoba, en su prolongación hasta el agua, sitio en que actualmente se encuentra la plaza Brown (donde se levantó el Monumento Nacional a la Bandera), la casa conocida por Ignacio Comas, la fábrica del gas (la actual plaza de la coronación) y las calles que ellas circundan”. En cuanto a la ceremonia del 27 de Febrero, los Carrasco (padre e hijo), hicieron suya el relato escrito por Bartolomé Mitre, expresidente e historiador argentino, en su “Historia de Belgrano”: “En la tarde del día indicado se formó la división en batalla sobre la barranca del río en presencia del vecindario congregado por orden del comandante militar. A su frente, se extendían las islas florecidas del Paraná que limitaban al horizonte; a sus pies se deslizaban las corrientes del inmenso río, sobre cuyas superficies se reflejaban las nubes blancas en el fondo azul de un cielo de verano, y el sol que se inclinaba al ocaso, iluminaba con sus rayos oblicuos aquel paisaje lleno de grandiosa majestad”.

Y continuó: “En aquel momento, Belgrano que recorría la línea a caballo, mandó formar cuadro y levantando la espada con un gesto heroico dirigió a sus tropas estas palabras…” seguidamente transcribió la proclama y a su término dijo: “Las tropas ocuparon sus puestos de combate. Eran las seis y media de la tarde y en aquel momento se enarboló en ambas baterías la bandera azul y blanca, reflejo del hermoso cielo de la patria, y su ascensión fue saludada con una salva de artillería. Así se inauguró la bandera argentina”.

Según Mitre, aquella escena había sido “calculada para impresionar profundamente los ánimos y comprometer a los tímidos en todas las consecuencias de la revolución, causando tanto entusiasmo en las tropas como sorpresa y desagrado en el gobierno. Todos dieron al acto el significado que realmente tenía y vieron en él el algo más que el preliminar de la declaración de la Independencia”.

En el río, cinco buques anclados para transportar a Santa Fe a los Granaderos de Fernando VII, completaban la emotiva escena.

Esta versión de Mitre adquirió para las sucesivas generaciones argentinas a partir de la segunda mitad del siglo XIX un documento incuestionable. Inspirados en ella se hicieron las posteriores evocaciones con un altísimo impacto en el ideario colectivo. Así se asoció a uno de los padres de la patria con la “invención” de su máximo símbolo como si de él hubiera dependido la selección de los colores. Sin embargo, él mismo expresa “La mandé a hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela Nacional”.

Lo que nadie puede discutir es que la oficialización de la escarapela y la Bandera Nacional fue iniciativa suya, obra de su coraje y convicción, y que ambos símbolos de la patria fueron impulsados y presentadas “oficialmente” por Belgrano en Rosario y con la participación indispensable de los rosarinos. Con todo derecho, la ciudad puede preciarse en ser la Cuna de la Escarapela y la Bandera Nacional.

La creación y su creador

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