El 5 de agosto, cumpleaños de Rosario como ciudad

Por Miguel Ángel De Marco (h)

 

Un 5 de agosto de 1852 Rosario fue elevada al rango de ciudad por el gobierno de la provincia de Santa Fe, a pedido del entonces Director Provisorio de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza, con la intención de crear un poderoso centro capaz de competir y compensar el poder “del interior” frente a la poderosa Buenos Aires.

Hasta ese momento Rosario era un poblado de tres mil habitantes, sin capacidad de autogestión, carente de recursos institucionales que colaboraran efectivamente con su desarrollo y sus intereses. Sin embargo, por sus condiciones naturales y ubicación geográfica, era un enclave comercial, político, y estratégico del litoral argentino.

Derrocado el gobernador porteño Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros, en febrero de ese año, las provincias vencedoras, propiciaron la sanción de una Constitución Nacional de la que se carecía, y la organización del país en el molde republicano y federal. Urquiza creyó conveniente convertir a Rosario en un bastión que garantizara dicho anhelo y corresponder el respaldo otorgado por gran parte de sus vecinos en su pronunciamiento contra Rosas en 1851. Un apoyo que se concretó en la formación de dos batallones que lo acompañaron en la campaña que puso fin al rosismo, que se empeñaba en mantener cerrada la navegación de los ríos interiores en beneficio de la Aduana y puerto único en Buenos Aires, en detrimento del litoral.

El gobernador de la provincia de Santa Fe, Domingo Crespo, al ordenar un 5 de agosto de hace 166 años atrás, que se reconociera a la entonces “Ilustre y Fiel Villa del Rosario” como “Ciudad del Rosario de Santa Fe”, otorgándosele todos los fueros y prerrogativas que como tal a ella le correspondía, daba cumplimiento a un pedido expreso del entrerriano Urquiza, plasmado en la ley del 3 de agosto.

Las ciudades asocian sus orígenes al momento en el que ellas se volvieron necesarias. En tal sentido están las que nacieron como capital de una jurisdicción política, otras para la supervivencia y defensa de un territorio; y otras como posta o ámbitos de paso en las comunicaciones.

Rosario, ya era todo esto en el siglo XVIII: sede de la autoridad civil en el Pago de los Arroyos, un puerto natural, una región fértil y apropiada para vivir, una zona de paso obligado entre Buenos Aires y las provincias, un ámbito para la religiosidad popular, tal como lo demuestra la devoción por la Virgen del Rosario, cuya festividad se celebra la primera semana de octubre desde hace trescientos años.

Factores relacionados con la internacionalización del sistema económico, la necesidad de organizar la nación bajo un nuevo patrón de crecimiento y una nueva política hizo que aquel poblado se convirtiera en ciudad abierta a la República Argentina y al mundo.

El 5 de agosto de 1852 se formalizó un reconocimiento de la joven patria hacia los rosarinos que tanto habían dado en la lucha por la Independencia y la libertad. Ahora eran convocados por un proyecto de nación que necesitaba “un puerto autónomo” de la Aduana de Buenos Aires, un “refugio humanitario” para los perseguidos políticos, y un centro mercantil capaz de generar un mercado alternativo al rioplatense.

No se equivocaron los que confiaron en la institucionalización de Rosario como ciudad: en apenas quince años creció de tal manera que fue propuesta y designada por el Congreso de la Nación como capital de la República Argentina. A esto contribuyó haber sido el primer complejo ferroportuario del país y la gran región del cono sur, y que su población se elevara de 3 mil habitantes a 23 mil en catorce años. Sin embargo, los intereses del centralismo pudieron más y se le negó a través de vetos presidenciales lo que las provincias votaron soberanamente en el Congreso. Este fue el inicio de una larga lucha.

Recordar el 5 de agosto implica por lo tanto no olvidar. Es una festividad eminentemente cívica porque implica reconocer la capacidad de transformación de las decisiones políticas. Al poco tiempo de designarse ciudad, en el mismo año 1852 se abrió su río al comercio internacional, se estableció la aduana y se creó el puerto, la Jefatura Política, la primera inspección de escuela, se suprimió la comandancia militar y se la remplazó por un juzgado de paz, un juzgado de comercio y un juzgado de policía, se dividió a la ciudad en cuatro cuarteles o jurisdicción de policías, de los que dependieron las comisarios de Campaña: Arroyo Ludueña, Chacras, Bajo Hondo, y Saladillo. Meses después vendrían las oficinas de correos, las nomenclaturas de las primeras calles. De las quince calles con nombre, diez hicieron alusión a las ciudades y provincias que comunicaban, cuatro a las actividades del momento: Mensajería, Comercio, Aduana, y Puerto; y la única que no hacía alusión a Rosario como cruce de las comunicaciones nacionales, era la que encerraba un valor político y una connotación histórica: la calle Libertad, en alusión a la caída de Rosas, y que es la actual calle Sarmiento. Seis años más tarde surgiría la Municipalidad con su rama deliberativa y ejecutiva, entre otros logros. La ciudad pudo dictar en adelante sus propias ordenanzas y los vecinos accedieron al gobierno de su patria chica.

A diez años de crearse Rosario como ciudad, su Municipalidad, reunida en Concejo acordó dotarse de un escudo. En el centro del primer símbolo de la urbe naciente, se elevaba “un brazo poderoso”, que representaba a Manuel Belgrano sosteniendo la bandera azul y blanca, al momento de su creación en Rosario, el 27 de Febrero de 1812.

Los habitantes de nuestra ciudad tienen el privilegio de que “su blasón”, lejos de recordar antecedentes nobiliarios, a un conquistador o a un ilustre hidalgo, o a símbolos de imposición, exhibe con orgullo su identificación con el general Manuel Belgrano, y el emblema celeste y blanco, síntesis de la aspiración de una patria solidaria, libre e independiente.

 

 

Llegan las aventuras históricas de Simón y cuentan la creación de la Bandera

En el marco de la declaración de Rosario como ciudad el 5 de agosto de 1852, Fundación Rosario continúa difundiendo su historia y lanza “Las Aventuras históricas de Simón” una serie de cortos de un minuto de duración dirigidos a niños y que promueve datos de fácil acceso sobre la ciudad y el proceso que derivó en la creación de la bandera nacional.

Las Aventuras históricas de Simón son parte de la batería de contenidos de gran valor y rigor histórico acerca de nuestra bandera, generados en el marco de la campaña #RosarioAbanderada realizada por segundo año consecutivo por Fundación Rosario. Su objetivo es poner en valor el hecho de ser la ciudad donde se creó la escarapela y la bandera nacional y este año contó con el invalorable aporte del historiador Dr. Miguel A. De Marco (H) quién generó y auditó todos los contenidos.

Hace un mes se presentó un corto de tres minutos realizado por la Escuela para Animadores de Rosario, relatando de manera lúdica y pedagógica la llegada de Belgrano a la ciudad, la creación de la escarapela y de la bandera nacional: “Historia de la Bandera: pasó así, pasó acá” que se presentó, junto a un libro con el mismo nombre, durante  La Noche de la Bandera. Noche que hizo historia en la ciudad y que revalorizó a la bandera símbolo patrio y de unión nacional. Las Aventuras Históricas de Simón se suman a estas piezas junto a notas y fotografías, todas publicadas en el sitio www.rosarioabanderada.com.ar.

Mirá los videos:

La Bandera flamea en Rosario desde lo más alto del Colegio Sagrado Corazón

El próximo 7 de julio se cumplen 82 años del mástil más alto del país en una institución educativa. Se construyó antes que el mástil ubicado en el Monumento Nacional a la Bandera. Fue un 7 de julio de 1938 y la bandera se podía ver desde varias cuadras de distancia por la fisonomía que tenía la ciudad en aquel entonces.

Se encuentra en el del Colegio Sagrado Corazón, ubicado en Mendoza entre Moreno y Dorrego. Y al día de hoy, la bandera continúa flameando desde lo alto en el cielo.

Con motivo de conmemorar los 80 años de su inauguración, el sábado 7 de julio próximo a las 10 se realizará un acto en el que han sido convocados todos los ex alumnos que fueron abanderados o escoltas de abanderados. Luego de entonarse «Aurora», y el Himno Nacional Argentino, actuará el Coro del Colegio Sagrado Corazón. Ese día las puertas de la institución estarán abiertas a todos los ciudadanos que quieran participar del acto.

Amor por la patria

La institución siempre estuvo vinculada con la educación y el amor por los símbolos patrios. Un grupo de ex alumnos decidieron organizar y realizar la construcción del mástil. Una vez realizada, la donaron al colegio y el 7 de julio de 1938 la colocaron en el patio principal del colegio con un pedestal. Tiene 1800 kilos de acero. Mide 32 metros del nivel del piso y por varios años fue el mástil más alto del país.

En 1957 se creó el Monumento Nacional a la Bandera con un agregado de 2 ó 3 metros para superar y diferenciarse del mástil que está ubicado en el colegio.

La bandera tiene 4,5 por 9 a 10 metros. Tamaño “Monumento”. Nombre que recibe por ser el mismo tamaño que utiliza la bandera ubicada en el Monumento Nacional a la Bandera.

Las autoridades del colegio informaron que cada tres años renuevan la bandera que es de seda y el material se deteriora con el paso del tiempo. Para que nunca quede percudida y se muestre siempre vigorosa, la cambian y desde el patio del Colegio Sagrado Corazón la muestran orgullosos.

La Declaración de la Independencia y la Bandera

Por Miguel A. De Marco (h)

La Declaración de la Independencia, un 9 de julio de 1816, es la consumación de la obra iniciada en Rosario por Manuel Belgrano al crear el 27 de febrero de 1812, la bandera celeste y blanca. Cuando sugirió al Triunvirato enarbolar una enseña propia lo hizo con la intención de definir un rumbo libre e independiente para el país: “Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta ahora hemos usado, pero ya que V.E. ha determinado la escarapela nacional con que nos distinguimos de ellos, y de todas las Naciones, me atrevo a decir a V.E. que también se distinguen aquellas, y que en estas Baterías no se viese tremolar sino las que V.E. designe”. Y escribió la siguiente exhortación preclara de Independencia: “Abajo, Señor Excelentísimo, esas señales exteriores que para nada nos han servido, y que parece que aún no hemos rotos las cadenas de la esclavitud”.
En la tarde del 27 de febrero, en Rosario, bajo la sublime inspiración de la naciente bandera de la patria, sus habitantes fueron de los primeros en jurar vencer a quienes se opusieran a la independencia y libertad de América del Sur. Por otra parte, la denominación de las baterías revela con claridad del anhelo emancipador: “Independencia” y “Libertad”.
El Triunvirato desautorizó lo actuado por Belgrano, y ordenó destruir la nueva enseña. Sin embargo, Belgrano desobedeció y la puso al frente de sus campañas contra los realistas. Pasaron más de cuatro años para que el Congreso de Tucumán declarara la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 9 de julio de 1816. Días más tarde, el 20 de julio de 1816, los diputados Juan José Paso y Esteban Agustín Gazcón, solicitaron que se aprobara por decreto el uso de la enseña celeste y blanca, con tres franjas horizontales.
Manuel Belgrano, que recientemente había llegado de su misión diplomática en Europa se encontraba presente en Tucumán y no se conoce que hubiera manifestado oposición a la incorporación de una nueva franja, la superior. Su principal preocupación pasaba por que el Congreso aprobara una forma de gobierno que garantizara la supervivencia de las Provincias Unidas del Rio de la Plata. Explicó a los presentes que en las cortes europeas la tendencia republicana había dado paso a la monárquica, y conforme a ello sostuvo que “la forma de gobierno más conveniente para estas provincias sería una monarquía temperada, llamando la dinastía de los Incas, por la justicia que, en sí, envuelve la restitución de esta casa tan inicuamente despojada del trono; a cuya sola noticia estallará el entusiasmo general de los habitantes del interior”.
Existe un consenso entre los historiadores de que aquellos días fueron uno de los más angustiosos que atravesó la Revolución. Aislada internacionalmente, sumergida internamente en la Guerra civil, la Argentina parecía entrar en riesgo de desintegrarse. ¿Cuál fue la actitud de Belgrano? La misma que demostró al crear la Bandera en Rosario, al liderar el éxodo Jujeño, hacer frente en el campo de batalla a los realistas, y superar las conspiraciones internas: Obrar con fe y coraje. Su opinión fue escuchada, y el 9 de Julio, siguiendo la propuesta de Belgrano, los diputados declararon la Independencia, lo que se requería necesariamente para el establecimiento de una monarquía constitucional.
Una vez declarada la Independencia, Paso y Gazcón presentaron el ya referido Proyecto de oficializar una Bandera de la Patria, que se concretó el 25 de julio de 1816 cuando el presidente del Congreso, Francisco Narciso Laprida, dio la siguiente comunicación:
“Elevadas las Provincias Unidas en Sud América al rango de una Nación después de la declaratoria solemne de su independencia, será su peculiar distintivo la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el presente y se usará en lo sucesivo exclusivamente en los ejércitos, buques y fortalezas en clase de bandera menor, ínterin, decretada al término de las presentes discusiones la forma de gobierno más conveniente al territorio, se fijen conforme a ella los jeroglíficos de la Bandera nacional mayor. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación …
¿Cuál es la fecha que debe considerarse por lo tanto el del nacimiento oficial de la Bandera, el 20 de julio, en la que los diputados aprobaron su creación o el 25 en el que se expidió el decreto respectivo? No hay un consenso definitivo en este punto.
¿Sin declaración de la Independencia, se hubiera oficializado la bandera celeste y blanca de Belgrano? Las evidencias demostrarían que no.
¿Los diputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata hubieran proclamado la emancipación sin la tenaz insistencia de Manuel Belgrano que junto a José de San Martín y otros líderes de la revolución reclamaban la Independencia para llevar adelante la campana de liberación de Chile y Perú? Los documentos indicarían que no.
Si bien la bandera nacida en Rosario en 1812 tuvo en el Congreso de Tucumán su reconocimiento oficial, ésta ya había sido consagrada como la bandera criolla, de la patria nueva, en el corazón de miles de hombres y mujeres de todas las edades que durante cuatro años la vieron flamear como promesa de libertad.

Historia de la Bandera: pasó así, pasó acá

Fundación Rosario realizó en forma conjunta con la Escuela para Animadores de Rosario un corto de tres minutos relatando de manera lúdica y pedagógica la llegada de Belgrano a la ciudad, la creación de la escarapela y de la bandera nacional.

Se trata de una animación ideada para la campaña #RosarioAbanderada y el contenido histórico es autoría de Miguel Ángel De Marco (h).

El corto animado fue presentado en La Noche de la Bandera, en la víspera al 20 de Junio en homenaje a nuestros orgullos nacionales: la escarapela y la bandera creadas en la ciudad de Rosario.

De Rosario al mundo, la Bandera de Belgrano

En apenas dos años se cumplirá el bicentenario de la muerte de Manuel Belgrano, ocurrida un 20 de junio de 1820. Sin embargo, pocos próceres de la Independencia son recordados por los rosarinos de manera tan vívida, con cariño y gratitud. Mucho tiene que ver esa “sentida presencia” con el tremolar sin pausa de la bandera celeste y blanca por el creada en esta ciudad, un 27 de febrero de 1812, y el imponente Monumento Nacional a la Bandera que recuerda dicha gesta.

La relación de Belgrano con los habitantes de la entonces aldea de Rosario surgió apenas producida la Revolución de Mayo de 1810, la que conoció de paso en su misión a Paraguay. Con sus modestas viviendas, calles sin veredas y mal trazadas era no obstante un oasis para el viajero en medio de la desolación, porque en ella se podía proveer de agua y víveres. Por su posición estratégica fue el paso obligado de las tropas de los primeros gobiernos patrios en su empeño de expandir su influencia al resto de las provincias y al mismo tiempo una atractiva fuente de aprovisionamiento para el gobierno realista pertrechado en Montevideo y que quería sofocar el proyecto nacido en Buenos Aires, su tradicional rival. La “atmósfera apacible» de ese caserío rural, se disipó para siempre y se convirtió en un cuartel.

El 7 de febrero de 1812 Belgrano volvió a Rosario con un numeroso contingente militar pero esta vez para quedarse por unas semanas hasta concluir la construcción de dos baterías de cañones con las que se aspiraba repeler el paso de las escuadras enemigas. La de la isla fue denominada “Independencia”, y la de tierra firme “Libertad”. Los vecinos colaboraron en tal cometido, con donaciones de materiales y con mano de obra.

Cuando aún no había finalizados los trabajos corrieron rumores que una flotilla española se aproximaba con la misión de apoderarse de la Bajada del Paraná (Paraná), lo que hubiera implicado un golpe funesto a la causa revolucionaria. Fue entonces que Belgrano creyó llegada la hora de crear una cucarda que distinguiera a las tropas patriotas de las realistas: una “escarapela nacional”.

El 13 de febrero de 1812, desde su campamento de Rosario escribió al “Exmo. Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata: “Parece que es llegado el caso de que V.E. se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar, para que no se equivoque con la de nuestros enemigos y no haya ocasiones que puedan sernos de perjuicio”. Por entonces se conoció en Buenos Aires la noticia de que Venezuela había declarado su independencia el 5 de julio de 1811. En ese clima de euforia no dudó en conceder lo peticionado por Belgrano, determinando por decreto de 18 de febrero: “se haya, reconozca y use la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declarándose por tal la de dos colores blanco y azul celeste y quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían”.

De esta manera quedaba oficialmente reconocido el primer símbolo patrio creado en Rosario que era el usado por la Sociedad Patriótica e incluso algunos regimientos patrios liderados por los oficiales más vinculados a tal grupo, con colores que representaban un gobierno propio diferente al existente en tiempos del Virrey.  El blanco y azul celeste, eran los colores del escudo de Buenos Aires, del terruño porteño, de la patria chica, empeñada en extender la llama revolucionaria y su dominio sobre el resto del ex virreinato del Río de la Plata.

Algunas mujeres, por encargo de Belgrano habrían comenzado a confeccionar las escarapelas para ser estrenadas por oficiales, soldados y milicianos en la inauguración de la batería isleña, fijada para el 27 de febrero. Disponían de menos de una semana. Fue quizás en esa instancia, y durante ese fervor que decidió enarbolar una bandera con los colores de la escarapela. La tradición oral se refiere a que doña Catalina Echevarría de Vidal, anfitriona del prócer, intervino en la confección de la enseña.

Es el propio Belgrano que en carta al gobierno anticipa el 26 de febrero su pensamiento con respecto a la conveniencia de enarbolar banderas en las baterías. “Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta ahora hemos usado, pero ya que V.E. ha determinado la escarapela nacional con que nos distinguimos de ellos, y de todas las Naciones, me atrevo a decir a V.E. que también se distinguen aquellas, y que en estas Baterías no se viese tremolar sino las que V.E. designe”. Y como si no fuera poco haberse referido a una enseña que los diferenciara “de todas las naciones”, lo que con claridad refleja “un proyecto de país” soberano culminó su misiva con la siguiente exhortación: “Abajo, Señor Excelentísimo, esas señales exteriores que para nada nos han servido, y que parece que aún no hemos rotos las cadenas de la esclavitud”.

De puño y letra de Belgrano sabemos que ocurrió el 27 de febrero de 1812, cuando informó al gobierno sobre la creación de la enseña patria: Belgrano lo comunicó al gobierno en estos conocidos términos: “Exmo. Señor. En este momento que son las seis y media de la tarde se ha hecho salva en la Batería de la Independencia y queda con la dotación competente para los tres cañones que se han colocado, las municiones y la guarnición. He dispuesto para entusiasmo de las tropas y estos habitantes, que se formen todas aquellas y las hablé en los términos que acompaño. Siendo preciso enarbolar Bandera y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de V.E.”.

La proclama de Belgrano revela con claridad su vocación emancipadora y que su bandera trascendía la condición de distintivo militar. Aquella arenga fue el momento más emotivo de la ceremonia que llegó a su punto culminante cuando justificó su decisión de dotar de un emblema a la nueva causa.

Desde su caballo exclamó: “Soldados de la Patria: en este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro Exmo. Gobierno: en aquél, la batería Independencia, nuestras armas aumentarán las suyas; juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores y la América del Sud será el templo de la Independencia, de la unión y de la libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo: ¡Viva la Patria!”. Los vítores de la tropa y la población, seguida del estruendo de los cañones quebró el silencio, retumbando por la pampa y el río Paraná.

Según el testimonio de antiguos vecinos el escenario de aquella solemne reunión fue en las “Barrancas de las Ceibas”, el punto más saliente del terreno de una barranca de 20 metros de altura que se encontraba “en el paraje comprendido entre las calles Santa Fe y Córdoba”, donde actualmente se encuentra el Monumento Nacional a la Bandera. Por lo tanto, es indiscutible que la oficialización de la escarapela y la Bandera Nacional fue iniciativa de Manuel Belgrano, obra de su coraje y convicción, y que ambos símbolos de la patria nacieron con la participación y apoyo indispensable de los rosarinos. Con todo derecho, la ciudad puede preciarse en ser la Cuna de la Escarapela y la Bandera Nacional.

Los protagonistas aquel día fueron: Manuel Belgrano; la tropa compuesta  principalmente por el Batallón N.5 de Infantería, otros cuerpos de ejército, un piquete de artillería y los milicianos rosarinos; los habitantes de la aldea; el cura de la Parroquia de la Virgen del Rosario, Julián Navarro, quién habría bendecido la bandera; el funcionario y comerciante santafesino Cosme Maciel, el primero en enarbolarla; y Catalina Echevarría de Vidal;  quién habría intervenido en la confección de la Bandera.

No se encuentra documentada la cantidad y disposición de las franjas de la Bandera, pero la hipótesis más fundada es que la misma constó de dos fajas horizontales e iguales, blanca la superior y celeste la de abajo, conforme a los colores de la escarapela decretada por el Triunvirato.

El Día de la Bandera se festeja el 20 de junio desde hace precisamente 80 años, cuando el Congreso Nacional por ley decidió honrar de esa manera el paso a la inmortalidad de su creador, argumentando además que de esa manera se favorecería la participación de los escolares a diferencia de lo que ocurría en febrero cuando se encontraban en el receso estival.

La Bandera de los Argentinos “en cinco pasos”

Primer paso: Nacimiento en Rosario

La ciudad de Rosario tiene el enorme orgullo se saberse Cuna de la Bandera Nacional. Manuel Belgrano, movido por la necesidad práctica de identificar las fuerzas patrias de las realistas creó en Rosario la Escarapela (que fue aprobada en 18 de febrero de 1812) y la Bandera Nacional. Gracias a los empeños del coronel Monasterio las baterías estuvieron en condiciones de ser inauguradas, lo que ocurrió en la tarde del 27 de febrero de 1812. En esa oportunidad, reunido los vecinos y formada la tropa, “y siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola”, Belgrano presentó la bandera blanca y celeste. Al comunicárselo al Triunvirato éste desautorizó la creación y le ordenó su destrucción. Sin embargo, la enarboló nuevamente y la hizo bendecir en Jujuy, el 25 de Mayo, de ese año. Es la bandera que lo acompañará en sus victorias y derrotas, y que recibió su bautismo de fuego el 24 de septiembre de 1812 en la batalla de Tucumán.

Segundo paso: Reconocimiento oficial

El 9 de julio de 1816 el Congreso reunido en Tucumán declaró la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Once días más tarde, el 20 de julio de 1816, los diputados Juan José Paso y Esteban Agustín Gazcón, solicitaron que se aprobara por decreto el uso de la enseña celeste y blanca, con tres franjas horizontales. Manuel Belgrano se encontraba presente en Tucumán y no se conoce que hubiera manifestado oposición a la incorporación de una nueva franja, la superior. Especialistas sostienen que el denominado «Sol de Mayo» utilizado en la misma representa al dios inca «Inti», como una reminiscencia a las raíces indígenas de la gran patria americana

Tercer paso: El sol de la bandera de guerra y el “azul-celeste”

El 25 de febrero de 1818 el Director Supremo de las Provincias Unidas del Rio de la Plata decretó la aprobación de la propuesta del diputado José Luis Chorroarín: “Que sirviendo para toda bandera nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrados, será distintivo peculiar de la bandera de guerra un sol pintado en medio de ella”. El sol era el figurado de las primeras monedas de oro y plata grabado en las acuñaciones argentinas de 1813 por ley de la Asamblea General Constituyente del 13 de abril de ese año. Es importante aclarar que en aquel entonces que el término “azul” era entendido como el color del cielo sin nubes (como lo indica actualmente el Diccionario de la Real Academia Española), y por ende era celeste. Decretos del gobierno nacional de 1895 y 1907, determinaron que los colores de la bandera serían azul-celeste y blanco.

Cuarto paso: Con sol y sin sol

El gobierno nacional surgido del golpe de Estado de 1943 resolvió que la bandera oficial de la Nación debía ser la que ostentaba el sol, limitando su uso a los gobiernos nacional, provinciales y dependencias oficiales. Los particulares podían utilizar los colores nacionales en forma de bandera sin sol. Un decreto de 1944 ratificó que los colores debían ser celeste y blanco, aclarando que celeste quiere decir “azul claro como el del cielo”. Hasta entonces, por tener vedado el uso de la bandera oficial, los particulares la utilizaban sin el sol, lo que se interpretaba como “bandera de uso civil”.

Quinto paso: La bandera tal cual como hoy la conocemos

En democracia, durante la presidencia de Raúl Ricardo Alfonsín, se dictó la ley 23.208 de 1985 que estableció que sólo existe una bandera para todos los argentinos. Es la enseña de tres franjas horizontales e iguales, celeste a los extremos y blanco al medio, con un sol amarillo oro en el centro de la franja blanca.

La Escarapela Nacional también nació en Rosario

El coronel Manuel Belgrano arribó a Rosario en febrero de 1812 para poner en funcionamiento y custodiar las baterías artilladas con las que se esperaba impedir el paso de las naves realistas por el río Paraná. Sus tropas, milicianos, y vecinos trabajaban de sol a sol en ese empeño cuando llegó la noticia de que una flotilla española había zarpado del puerto de Montevideo rumbo a Paraná. El enfrentamiento parecía ser inminente.

Belgrano creyó llegada la hora de crear una cucarda que distinguiera a las tropas patriotas de las realistas. El 13 de febrero de 1812, desde su campamento de Rosario escribió al “Exmo. Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata: “Parece que es llegado el caso de que V.E. se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar, para que no se equivoque con la de nuestros enemigos y no haya ocasiones que puedan sernos de perjuicio, y como por otra parte, observo que hay Cuerpo de Ejército que la llevan diferente, de modo que casi sea una señal de división, cuyas sombras, si es posible, deben alejarse, como V.E. sabe, me tomo la libertad de exigir de V.E la declaratoria que antes expuse. Dios guarde a V.E. muchos años”.

El Triunvirato porteño no vaciló en conceder lo peticionado por Belgrano, determinando por decreto de 18 de febrero: “se haya, reconozca y use la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declarándose por tal la de dos colores blanco y azul celeste y quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían”.

De esta manera quedaba oficialmente reconocida y el usada por la Sociedad Patriótica e incluso algunos regimientos patrios liderados por los oficiales más vinculados a tal grupo, con colores que representaban un gobierno propio diferente al existente en tiempos del Virrey.

En vísperas de la ceremonia de inauguración de la batería que se denominaría “Independencia”, situada en la isla frente a Rosario, es muy probable que Belgrano haya solicitado al vecindario la confección de las escarapelas, y que en esa oportunidad fuera “estrenada” no sólo por oficiales y soldados sino también por los milicianos rosarinos.

La creación de la Escarapela fue el primer paso conducente al nacimiento de la Bandera Nacional. Sin embargo, faltaba algo más: identificar a las baterías artilladas, como era usual en la época en las fortificaciones y defensas costeras, con una bandera. El distintivo de la tropa y el de sus baluartes frente a un invasor no podían ser distintas.

Sin embargo, una y otra, trascendían las circunstancias militares del momento porque expresaban el deseo emancipador de Belgrano. La lucha por la libertad recién se iniciaba y ella requería sus propios símbolos de unión para sostener con firmeza la causa iniciada en Mayo de 1810.

Con el correr del tiempo el uso de la escarapela se generalizó en la población civil, pasando del morrión y los gorros de la tropa al pecho de los ciudadanos, representando un compromiso personal con la patria misma. Por lo tanto, es uno de sus símbolos sagrados y merece el mayor respeto y cuidado.

“La recién nacida”, la bandera de la patria

Belgrano creó la Bandera de la patria y Rosario la alumbró. Aquel atardecer, “la “sublime enseña de libertad y honor”, fue saludada con vítores, y salvas de artillería.

No se encuentra documentada la cantidad y disposición de las franjas de la Bandera, pero la hipótesis más fundada es que la misma constó de dos fajas horizontales e iguales, blanca la superior y celeste la de abajo, conforme a los colores de la escarapela decretada por el Triunvirato; que de acuerdo con registros pictóricos fue redonda, de fondo blanco y centro celeste. En cuanto al formato y tamaño de la bandera izada en Rosario, caben dos posibilidades: que fuera cuadrada o rectangular. Las ordenanzas del ejército de la época fijaban la primera para los cuerpos terrestres y la segunda para las plazas marítimas, castillos y defensa de las costas.  Suscribimos al respecto la tesis de Golman que realiza el siguiente planteo: Teniendo en cuenta que las baterías emplazadas en las márgenes del Paraná tenían por finalidad rechazar las incursiones de la escuadra realista, y que sí o sí al inaugurarse debían contar con una bandera que la distinguiera del enemigo, lo que hubiera obligado a llevar al tope de cada mástil una bandera con los colores rojo y amarillo (como era costumbre hasta la época en las posesiones hispánicas), es muy probable que las medidas fueran las usuales en ese caso: la escala 1:2 “pero no tan grande, ya que las baterías, por ser grupos de piezas de artillería, no representaban fortificaciones defensivas permanentes”.

Belgrano advirtiendo dicha situación, que en la inauguración de la Batería “Independencia” y luego en la “Libertad” debía dejarse emplazadas ese tipo de banderas, rectangulares, decidió con muy buen tino y coraje, reemplazar las que representaban a la corona española por la de los colores de la revolución, el blanco y celeste.

Datos de color sobre la creación de la Bandera Nacional

El coronel Belgrano era “de regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, color muy blanco, algo rosado, sin barba… su cara era más bien de alemán que de porteño, no se le podía acompañar por la calle por que su andar era casi corriendo, no dormías más que tres o cuatro horas”, es la descripción realizada por su médico personal, José Celedonio Balbín, que lo acompañó hasta su muerte, así que tiene alta veracidad. Él no dice nada acerca del color de sus ojos y si bien Bartolomé Mitre afirma que eran “grandes de color azul sombrío”, un certificado de admisión universitaria y óleos de época indican que sus ojos fueron marrón castaño. Mitre agrega acerca de su cabello que era “rubio y sedoso, de color muy blanco y algo sonrosado, cuya apariencia hacía recordar el tipo de razas del norte de Europa”. En esto hay mayores coincidencias, su cabello era muy rubio con una tonalidad apenas rojiza. Lo mantenía prolijo y corto aunque no podía controlar los rulos en su frente. Usaba patilla muy corta y no tenía bigotes.

Ambos destacan aspectos de su personalidad: temperamento sanguíneo pero prevalecía en el “una grave serenidad”. Era de talento “cultivado, de maneras finas y elegantes”. Muy honrado, recto, y desinteresado.

El 27 de Febrero lució su uniforme azul, luciendo cruzada sobre su torso una banda de color blanco (propia de ejército patriota, y de su grado, coronel). No le hubiera correspondido usar una de color celeste (del rango de general y él no lo era entonces) o roja (realista), como algunas láminas y óleos lo representan.

 

Los soldados también lucían la flamante escarapela. Los Patricios, el uniforme confeccionado con posterioridad a la Revolución de Mayo, y no los utilizados en tiempos de las invasiones inglesas (como usualmente se los representa en febrero de 1812). En el sombrero se encontraba la escarapela circular, celeste en el centro, y blanco en su contorno, sujetando un penacho de color. En algunos tambores también se pueden haber colocado las cucardas celeste y blancas.  Cuando la bandera de la patria llegó al tope del mástil los oficiales, algunos soldados, milicianos y vecinos, se quitaron sus gorros en señal de saludo a la enseña y en demostración de algarabía.

 

 

Héroes anónimos

Los milicianos de Rosario desde 1810 estaban al servicio de la causa de la Revolución. Comandados por Gregorio Cardozo y Pedro Moreno, y luego por Gregorio Perdriel y Celedonio Escalada, su deber era recorrer incesantemente la costa del Paraná para alertar y evitar la invasión realista y para luchar contra los que se aprovechaban de esta tarea para cometer fechorías con la población. Sin embargo, estaban mal armadas, y no disponían partidas para su sustento. Ya no se les pagaba el sueldo prometido. El comandante Perdriel se vio obligado a exigir contribuciones forzosas a cuatro españoles radicados en la Capilla. Aquella abnegada milicia argumentará con orgullo haber servido a Belgrano, presenciar el izamiento de la Bandera de la patria, y luego luchar junto a San Martín en San Lorenzo. Y no hay que olvidar las familias rosarinas de aquellos milicianos, que dieron sus hombres a la causa. Quién en el poblado no tenía un padre, un hermano, un hijo cumpliendo “voluntariamente” con lo que consideraban un deber de la hora.

 

El cura Julián Navarro, de 35 años de edad, era cura secular por lo que vestía sotana negra y no tenía una tonsura en su cabellera. Pero puede haber presenciado la ceremonia algún fraile franciscano de San Lorenzo, los que tenían hábito de la orden, de color claro y tonsura.

 

Cosme Maciel, de 28 años de edad, conversó con el escritor y poeta Pastor S. Obligado. Este se había dispuesto a escribir sobre testimonios de la historia argentina, lo que efectuó a partir de la década de 1880. “Aquí donde usted me ve -refirió Maciel a Pastor Obligado- esta mano trémula que apenas puede sostener el bastón de mi vejez, fue la que izó la primera bandera argentina. Ya han pasado muchos años, pero no olvido mis emociones de aquel día. Vecino de Santa Fe me hallaba accidentalmente en la Villa del Rosario, y entusiasta como todos los jóvenes de mi tiempo por la causa de la Patria ayudé al General Belgrano a levantar la batería sobre la barranca, tras la actual iglesia. Que grata sorpresa tuve cuando el día de su inauguración, acabado de plantar el mástil, formada ya la tropa, me dijo el General Belgrano: Vea si está corriente la cuerda y ate bien la bandera para elevarla bien alta como deben mantenerla siempre. Fue para mi lo inesperado de tan grata sorpresa, que, repitiéndose el hecho en todas partes, al verme pasar me apodaban de los fogones a los campamentos: ¡Ahí viene la bandera de Belgrano!”.